Si Nicanor Duarte fuera entrenador de la selección de futbol de la República del Paraguay, por lo menos, durante las eliminatorias al mundial de Sudáfrica. Le hubiéramos exigido que elija a los mejores hombres para acompañarlo. Una vez que haya realizado su elección serían interminables las charlas en todos los niveles discutiendo cada miembro de su lista de elegidos y nos quejaríamos en todos los niveles si el elegido mostrase alguna ineptitud o estuviera en la lista por motivos no futbolístico. Hubiéramos seguido cada una de sus conferencias de prensa y analizado todo lo que dijo, no dijo y pretendió decir con la más académica rigurosidad. Jamás le hubiéramos permitido que baje su rendimiento, o que brille más que sus jugadores. Le hubiéramos hecho responsable de los desaciertos del equipo, de porqué no eligió la mejor estrategia para lograr el resultado, de porqué le metió a tal jugador o sacó a aquel otro de la cancha. A sus jugadores, no les habríamos perdonado fracasar, y como y...